LA FIBROMIALGIA





La fibromialgia es un síndrome clínico de origen desconocido que causa dolor generalizado, con múltiples puntos dolorosos a la presión y fatiga que deriva en una incapacidad para llevar una vida normal.

Esta hipersensibilidad al dolor, que puede sentirse a diario o por brotes, deriva en absentismo laboral, problemas con las relaciones personales y pobre vida social.

Factores como la presencia de estresores ambientales, las estrategias de afrontamiento, las conductas relacionadas con la salud, las características personales y los modos de reacción al estrés pueden desempeñar un papel esencial en la forma de combatir o paliar los síntomas de la fibromialgia.

El sentir casi a diario un dolor incontrolable sin pruebas médicas que lo determinen, requiere de un tratamiento psicológico para poder gestionar la ansiedad y el estrés que nace de los síntomas que se perciben.

Los rasgos de personalidad y creencias de control de los pacientes actúan de forma patogénica, esto es, favorecen la aparición de los síntomas y alteran la percepción subjetiva de la enfermedad.

Por ello hay que tratar psicológicamente las dimensiones de personalidad, el sentido de coherencia y la salud percibida de estos pacientes. Así como enseñarles técnicas de relajación.



El dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional.
Buda Sidhartha Gautama (563 AC-486 AC) Fundador del budismo.

EL DUELO



Cuando un ser querido fallece debemos adaptarnos a la nueva situación, por un lado aceptar lo que ha ocurrido y por otro aprender a vivir sin esa persona.

Factores como la personalidad, el estrés, la salud, la situación económica o el apoyo social de la persona que ha perdido a alguien, influirán en la forma de sobrellevar la pérdida.

La edad del fallecido, la causa de su muerte, las circunstancias que llevaron a lo ocurrido, lo inesperado o no de la situación, también influirá en cómo afrontaremos lo sucedido.

Las etapas del duelo son:
Negación: Es la etapa en la que nos hacemos preguntas sobre lo que ha ocurrido y negamos lo que está pasando. Percibimos nuestro entorno como si no fuera real. Es una forma de protegernos para asimilar la realidad.
Ira: Sentimos ira hacia todo lo que ha podido causar la muerte del fallecido (personas, lugares, objetos, etc.) e incluso hacia los que sí aceptan lo que ha ocurrido. Es una emoción que es normal que aparezca en estos momentos aunque no debería durar demasiado tiempo.
Negociación: Negociamos con nosotros mismos o con alguien más poderoso (Dios) todos los errores que hayamos podido cometer, promesas de cambio de costumbres o de llevar una vida distinta, como si pudiéramos remediar lo que ha sucedido. Navegamos entre la realidad y la fantasía de qué hubiera ocurrido si hubiéramos hecho algo distinto.
Depresión: Es una sensación de vacío hacia el presente y hacia el futuro en la que creemos que ya nada tiene sentido y no hay motivación por ningún estímulo. Se puede llegar a dormir muchas horas o rechazar el contacto con el resto del mundo. La tristeza es la emoción principal.
Aceptación o rechazo: Es la etapa de conclusión en la que o aceptamos lo que ha ocurrido y seguimos poco a poco con nuestra vida o mantenemos un rechazo a lo sucedido que requerirá seguramente ayuda psicológica.

Estas etapas no tienen por qué darse en este orden excepto la de aceptación o rechazo que siempre será la última.

El duelo no debería persistir más de 12 meses o 6 meses en los niños.

Expresar los pensamientos y las emociones que nos invaden en estos momentos es la mejor forma de sobrellevar la situación.


Vivir en el corazón de los que dejamos detrás de nosotros no es morir.
 (T. Campbell)